Neo-Mecenazgo

Nota: esta traducción nos llegó de manos de José Joaquín Atria, un alma increíble que se encontró con nuestro sitio y sintió que valía la pena convertir nuestras creencias a su lengua materna. Queremos darle a José un millón de gracias, no sólo por la traducción, sino por poner sonrisas en nuestros labios y por hacernos saber que nuestras palabras son apreciadas. Note: This translation was provided by José Joaquín Atria, an amazing soul who stumbled across our website and felt our beliefs were worthy of converting to his mother tongue. We would like to thank José a million times over, not just for his translation, but for putting smiles on our faces and letting us know our words are appreciated.

Cuando se escribió esto, sólo se podía encontrar un puñado de resultados al buscar ‘neo-mecenazgo’ (y ‘neomecenazgo’) en Google, y muy pocos de estos tenían algo que ver con aquello a lo que nos referimos al usar el término en Another Sky Press. Sin embargo hay, y ha habido, algunas ideas similares flotando por la red desde hace un tiempo (con algunas variantes incluso siendo puestas en práctica). La definición que sigue de ‘neo-mecenazgo’ (y su implementación en el sitio) es nuestra, fruto de años de discusión sobre el tema, y hecha con respeto a aquellos que han intentado variantes de esto con anterioridad. Idealismo en acción. Teoría en práctica.

(los orígenes del mecenazgo)

“Durante el Renacimiento, la mayor parte del trabajo artístico y científico era mantenido por un extenso sistema de mecenazgo, que comprendía tanto cortes reales como santas. Los mecenas – que podían ser Reyes, duques, cardenales u otras figuras de autoridad- reclutaban artistas, músicos, astrólogos y filósofos naturales de renombre, así como representantes de otras disciplinas, como clientes. Los primeros a menudo encargaban obras particulares, mientras que quienes querían ser clientes le dedicaban obras a figuras poderosas para atraerlos como mecenas. A cambio de su apoyo (tanto social como financiero), los clientes mejoraban la reputación de sus ricos mecenas asociándolos con sus obras”.
citado del artículo de la Wikipedia en inglés sobre el mecenazgo

Esta forma de mecenazgo tenía, y tiene aún, una serie de problemas. Dos de los más obvios son:

  1. 1. El mecenas controla el proyecto en el que trabaja el artista.
  2. 2. Sólo los ricos pueden ser mecenas.

El mecenazgo en su forma original era en esencia una manera en la que los ricos podían reclutar creativos talentosos para que hicieran lo que les placía. Sí, grandes obras de arte surgieron de este tipo de arreglos – no estamos aquí para debatir sobre el mérito de cosas como el techo de la Capilla sixtina – pero también es cierto que fueron hechas bajo órdenes de alguien que no era el artista (en este caso Miguel Ángel).


(la evolución al neo-mecenazgo)

El neo-mecenazgo es una (r)evolución del mecenazgo permitida por la conectividad que la tecnología actual provee entre el artista y su audiencia. Fundamentalmente, el neo-mecenazgo se basa en el honor y la confianza, y es un sistema de apoyo financiero para el artista que viene de la audiencia colectiva de ese artista en vez de hacerlo de un individuo u organización. La suma de las contribuciones de todos los mecenas es la que se convierte en los medios y el incentivo para que el artista continúe su trabajo.
Esta multiplicidad de mecenas es la responsable de las dos principales diferencias entre el mecenazgo y el neo-mecenazgo:

  1. El sentimiento de propiedad que el mecenas tenía sobre el artista queda completamente desmantelado. El artista es libre para continuar creando como quiera, y no está sujeto a la visión de quienes los apoyan.
  2. Al distribuir los costos del mecenazgo entre varios mecenas, cualquiera puede convertirse en uno contribuyendo a un artista en base a su interés y sus capacidades financieras.

En la práctica, el dinero que el artista recibe mediante el neo-mecenazgo cumple dos propósitos:

  1. Es el pago y agradecimiento por un trabajo completado.
  2. Es el financiamiento que le permite al artista continuar con su producción.

Es esencial entender que no hay un límite que separe estos dos propósitos: si, por ejemplo, el artista decide retirarse para seguir otras actividades, todas las contribuciones futuras caerían sin lugar a dudas en la priemra categoría. Dicho eso, si un artista está constantemente recibiendo contribuciones, tiene un fuerte incentivo (monetario y artístico) para seguir creando.
Esta dualidad de cometidos para cada contribución es una mejora significativa frente al tradicional modelo de mecenazgo en el que el mecenas se convertía esencialmente en el amo y señor del artista. Bajo el neo-mecenazgo la dinámica de poder entre el artista y el mecenas se rompe pues todo es voluntario en ambos lados de la ecuación. Los mecenas sólo apoyan a los artistas que les placen y los artistas simplemente continúan creando mientras esperan el apoyo futuro tanto de sus mecenas viejos como nuevos.
Todo el mundo gana.

(no hay arte de rehén)

Esto difiere significativamente del llamado Protocolo del Artista Callejero (Street Performer Protocol), descrito por John Kelsey y Bruce Schneier. Bajo ese sistema, se deja en vilo a quienes contribuyen hasta que aporten una cantidad determinada, momento en el que la obra sale a la luz. No creemos que este sistema sea viable porque no creemos que una obra de arte debiera convertirse en un rehén, ni siquiera del artista. Los mismos autores opinan que eso es lo que sucede con este protocolo al declarar que “otra manera de entenderlo es como una nota de rescate”.
Creemos que el Protocolo del Artista Callejero es anti-audiencia y resultaría en un gran número de trabajos no publicados cada vez que el precio que dicho artista haya fijado no se logre. La imposibilidad de parte de la audiencia de determinar el valor de una obra antes de contribuir hace que sea difícil que esa misma obra alcance el nivel de aprobación necesario para que se publique. En otras palabras, el Protocolo del Artista Callejero se opone a nuestra primera idea fundamental: la audiencia es el único árbitro del valor.
Stephen King intentó llevar a cabo una variante del Protocolo del Artista Callejero con su publicación online de ‘The Plant’. Lanzó su libro capítulo a capítulo exigiendo el pago de $1 por capítulo (¡precio que luego subó aún más!). Él puso las reglas: si el 75% de los lectores pagaban, continuaría con el próximo capítulo. Este fue un proyecto condenado al fracaso por un millón de razones, siendo la más obvia que era posible que al 26% de los lectores no les gustara un capítulo. Incluso si un lector pagaba fielmente, con este sistema era posible que, después de pagar por los primeros diez capítulos (y por lo mismo con $10 menos y ni siquiera una copia entera a cambio), el final del libro nunca se materializara. De hecho, ‘The Plant’ se canceló después de que un buen número de personas ya habían pagado por varios capítulos.
Si los autores hubieran implementado este sistema en la red, estaríamos rodeados de una plétora de obras nunca terminadas. Nosotros en Another Sky Press felicitamos a Stephen King por intentar algo novedoso, pero lamentamos su idea mal concebida y fallada desde la base. Dada la amplia covertura del proyecto y las ridículas expectativas de ‘éxito’ que tuvo, todo el campo de la publicación a través de internet y el sistema de pago basado en el honor dio un paso atrás. Aquí esta lo que Wikipedia y Salon.com tienen que decir al respecto de la publicación de ‘The Plant’.
Es por esto que en Another Sky Press proveemos nuestras obras íntegras online sin costo. No exigimos nada de nuestra audiencia. Simplemente pedimos que, si les gusta lo que ofrecemos, lo muestren mediante contribuciones ya sea a nuestros autores o directamente a nosotros. Creemos en ustedes, y sólo podemos esperar que hagan lo mismo.

Abraza el futuro.
Apoya lo que amas.

Gracias por leer,
Another Sky Press